Ese miedo silencioso que me acompaña todo el tiempo

Hay un miedo que no siempre se nota.

No necesariamente aparece en forma de llanto. Ni de ataques de ansiedad. Ni de conversaciones profundas donde dices todo lo que sientes.

A veces el miedo es mucho más silencioso que eso.

Se sienta contigo mientras esperas resultados. Te acompaña en una consulta médica. Aparece justo antes de dormir.
O en esos segundos pequeños donde tu mente imagina escenarios que todavía no han ocurrido.

Y aunque intentes seguir con tu vida, hay una parte de ti que permanece alerta.

Como si el cuerpo y la mente hubieran entendido que ahora viven en un lugar donde la seguridad ya no se siente igual que antes.

Recuerdo que durante mi proceso hubo días en los que el miedo no era intenso… pero sí constante.

No estaba llorando todo el tiempo. No estaba paralizada. Simplemente había una sensación interna difícil de apagar. Como un ruido de fondo emocional que seguía ahí incluso en momentos tranquilos.

Y creo que muchas personas viven esto en silencio porque sienten que deberían ser más fuertes.

O porque creen que, si hablan del miedo, lo harán más real.

Pero el miedo ya está ahí y callarlo no siempre lo hace desaparecer.

He acompañado personas que me dicen cosas como:
“Estoy cansada de tener miedo todo el tiempo.”
“Odio sentir que cualquier cosa puede salir mal.”
“Ojalá mi cabeza descansara aunque sea un rato.”

Y honestamente… las entiendo profundamente.

Porque vivir una enfermedad o acompañar a alguien que la vive cambia la relación que tenemos con la incertidumbre.

De pronto entiendes que hay cosas que no puedes controlar y eso puede generar muchísimo miedo.

Miedo al dolor.
A los cambios.
A los tratamientos.
A perder estabilidad.
A que la vida vuelva a cambiar otra vez.

Pero hay algo importante que quiero decirte hoy:

Tener miedo no significa que estés perdiendo fortaleza. Significa que estás viviendo algo que toca partes muy profundas de ti.

La escritora Brené Brown dice algo que me parece muy humano:

«La vulnerabilidad no es ganar o perder; es tener el valor de mostrarnos cuando no podemos controlar el resultado.»

Y creo que eso describe muy bien estos procesos.

Porque el miedo muchas veces nace justamente de ahí, de no poder controlar completamente lo que viene.

Y aun así… seguir.

Seguir yendo a citas. Seguir despertando cada mañana. Seguir intentando vivir mientras internamente lidias con pensamientos difíciles.

Eso también es valentía.

No la valentía perfecta y sin miedo que tantas veces nos venden. Sino una valentía mucho más real: la de continuar incluso cuando hay incertidumbre.

Si hoy sientes que el miedo te acompaña demasiado, quiero invitarte a probar algo distinto:

En lugar de pelearte todo el tiempo con él, pregúntate:

¿Qué necesita esta parte de mí que tiene miedo?

Porque muchas veces detrás del miedo hay necesidad de contención, descanso, información, compañía o simplemente sentirse comprendida.

Y quizá hoy no puedas hacer desaparecer completamente ese miedo pero sí puedes dejar de atravesarlo sola.

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