Mi mente no se detiene

Hay noches en las que el cuerpo está cansado… pero la mente sigue despierta.

Y quizá tú sabes exactamente de lo que hablo.

Ese momento en el que intentas descansar, pero los pensamientos empiezan a aparecer uno detrás de otro.

¿Qué va a pasar?
¿Y si esto empeora?
¿Y si no sale bien?
¿Y si vuelve?
¿Y si no puedo con todo esto?

Y aunque intentes distraerte, pensar en otra cosa o “mantenerte positiva”, la mente regresa una y otra vez al mismo lugar.

Cuando atravesamos una enfermedad propia o de alguien que amamos los pensamientos cambian.

Ya no pensamos igual. Ya no vivimos igual las pequeñas cosas.

La mente entra en una especie de alerta constante. Como si estuviera intentando prepararse para cualquier posibilidad. Y aunque eso nace del deseo de protegernos, también termina agotándonos profundamente.

Recuerdo momentos durante mi proceso donde sentía que mi cabeza nunca descansaba realmente. Incluso en días tranquilos, había una parte de mí que seguía pensando, anticipando, revisando síntomas, imaginando escenarios.

Y lo más difícil era que muchas veces ni siquiera lo decía en voz alta. Porque llega un punto en el que una se cansa de repetir siempre los mismos miedos. Entonces empiezas a guardarlos dentro.

He acompañado personas que me dicen cosas como:
“No puedo apagar mi cabeza.”
“Odio acostarme porque es cuando más pienso.”
“Mi mente me agota más que el cuerpo.”

Y honestamente… las entiendo.

Porque el miedo no siempre se presenta como una crisis visible. A veces toma la forma de pensamientos repetitivos que aparecen todo el tiempo y que terminan consumiendo muchísima energía emocional.

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross decía que el miedo más profundo muchas veces no es a la muerte en sí, sino a la incertidumbre. Y creo que eso explica mucho de lo que pasa en estos procesos.

La incertidumbre desgasta.

No saber qué viene.
No tener control.
Esperar resultados.
Vivir pendientes de algo que todavía no sucede.

Todo eso mantiene a la mente trabajando sin descanso y quizá lo más importante que quiero decirte hoy es esto:

No estás exagerando por pensar demasiado. Tu mente está intentando encontrar seguridad en medio de algo que se siente incierto.

El problema no es que tengas pensamientos. El problema es cuando empiezas a pelearte con ellos todo el tiempo.

A veces creemos que sanar emocionalmente significa dejar de tener miedo o dejar de pensar cosas negativas. Pero no siempre funciona así. Muchas veces el primer paso es dejar de exigirnos una calma perfecta.

Permitirte decir:
“Sí, tengo miedo.”
“Sí, hay pensamientos que me cansan.”
“Sí, esto me está afectando.”

Y aun así seguir acompañándote con compasión.

Hace poco una mujer me compartió algo muy sencillo pero muy real:
“Lo que más me ayuda no es intentar dejar de pensar… es sentir que no estoy loca por pensar tanto.”

Y creo que muchas personas necesitan escuchar justamente eso.

No estás perdiendo la cabeza. Estás atravesando algo difícil y tu mente también está intentando sobrevivir a todo esto.

Quizá hoy no puedas controlar cada pensamiento que aparece… pero sí puedes empezar a tratarte con un poco más de suavidad mientras atraviesas esta etapa.

Y a veces eso ya es muchísimo.

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *