Lo que nadie ve cuando intento estar bien

Hay días en los que probablemente nadie imaginaría todo lo que estás sosteniendo por dentro.

Te levantas.
Respondes mensajes.
Cumples con lo necesario.
Tal vez incluso sonríes.

Y aun así, hay una parte de ti que se siente agotada de una manera difícil de explicar.

No hablo solo del cansancio físico. Ese cansancio que aparece cuando el cuerpo atraviesa tratamientos, citas médicas, noches difíciles o cambios constantes. Hablo de otro agotamiento. Uno más silencioso. Más invisible.

Ese que se acumula cuando intentas seguir adelante mientras por dentro todo se siente distinto.

Recuerdo momentos de mi proceso en los que aprendí a contestar automáticamente cuando alguien me preguntaba cómo estaba. “Bien.” “Ahí vamos.” “Todo tranquilo.”

Y muchas veces lo decía porque tampoco sabía cómo explicar realmente lo que me estaba pasando.

¿Cómo explicarle a alguien que por fuera puedes verte “normal”, pero por dentro sientes que estás sosteniendo demasiado?

Porque la enfermedad no solo toca el cuerpo. También entra en los pensamientos. En el ánimo. En la manera en que empiezas a vivir cada día.

Y hay algo especialmente agotador en tratar de funcionar mientras internamente estás lidiando con miedo, incertidumbre o cansancio emocional constante.

Quizá a ti también te pasa. Quizá hay días en los que sigues haciendo todo lo que “tienes que hacer”, pero sientes que cada cosa te cuesta el doble.

Quizá te has acostumbrado tanto a sostenerte que ya ni siquiera sabes cuánto peso llevas encima.

O quizá hay momentos en los que piensas: “No debería sentirme tan cansada… si ni siquiera hice tanto hoy.”

Pero el desgaste emocional también consume energía. Muchísima. Cansa pensar constantemente.
Cansa preocuparse. Cansa intentar mantener la calma. Cansa tratar de no preocupar a otros mientras tú misma estás tratando de entender lo que sientes.

Y muchas veces ese cansancio no se nota. Porque aprendemos a seguir funcionando mientras nos vamos desgastando lentamente por dentro.

Hace poco, una mujer me decía algo que se quedó conmigo:
“Lo más difícil no es solo lo que estoy viviendo… es que nadie alcanza a ver cuánto esfuerzo me toma verme bien.”

Y creo que muchas personas podrían sentirse identificadas con eso.

Porque llega un punto en el que ya no sabes si estás siendo fuerte o simplemente estás sobreviviendo como puedes.

Si hoy estás en ese lugar, quiero que leas esto con calma: No estás exagerando.

No eres débil por sentirte cansada emocionalmente. No estás fallando por necesitar pausas.
No tienes que esperar a “romperte” para reconocer que esto también te está afectando por dentro.

A veces el acto más importante no es seguir resistiendo. A veces es reconocer honestamente cómo te sientes.

Y quizá hoy, en lugar de exigirte tanto, podrías hacerte una pregunta distinta:

¿Qué necesitaría mi corazón para sentirse un poco más sostenido hoy?

No mañana. No cuando todo termine. Hoy.

Tal vez necesites silencio. Descanso. Llorar un poco.
Hablar con alguien O simplemente dejar de fingir que todo está bien por un momento.

Porque aunque otros no alcancen a verlo, lo que estás viviendo por dentro también merece cuidado.

Y no deberías tener que atravesarlo sola.

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *