El cansancio que no se quita durmiendo

Quizá últimamente te has despertado cansada incluso después de haber dormido.

Y no hablo solo del cuerpo. Hablo de esa sensación de desgaste que se queda contigo desde que abres los ojos. Como si algo dentro de ti estuviera sosteniendo demasiado desde hace demasiado tiempo.

Hay un cansancio que no se resuelve con una siesta ni con acostarse temprano. Porque no viene únicamente del esfuerzo físico. Viene de todo lo que estás cargando emocionalmente mientras intentas seguir adelante.

La enfermedad tiene muchas formas de agotarnos. Algunas visibles. Otras completamente silenciosas.

Cansa esperar resultados. Cansa anticipar escenarios. Cansa tratar de mantener la calma cuando por dentro hay miedo.
Cansa escuchar palabras médicas que nunca imaginaste que formarían parte de tu vida.

Y también cansa sostener emocionalmente a otros mientras tú misma estás tratando de sostenerte.

Recuerdo etapas de mi radioterapia donde el cansancio no era solamente físico. Sí, el cuerpo se sentía distinto. Más lento. Más sensible. Pero lo que más me sorprendió fue el desgaste emocional constante.

Era como si mi mente nunca terminara de descansar. Había días en los que intentaba hacer vida normal, pero internamente sentía que todo me tomaba más energía de la habitual. Incluso cosas simples. Incluso conversaciones normales.

Y creo que una de las cosas más difíciles de este tipo de cansancio es que muchas veces los demás no lo entienden.

Porque desde afuera puedes verte bien. Puedes caminar. Puedes hablar. Puedes incluso reírte y aun así sentirte profundamente agotada por dentro.

Una mujer que acompañé me decía algo muy parecido:
“Me siento culpable por estar cansada todo el tiempo… porque pareciera que no tengo derecho a sentirme así.”

Y eso pasa más de lo que imaginamos.

Muchas personas empiezan a invalidar su propio agotamiento porque creen que deberían “poder más”. Como si el cansancio emocional necesitara permiso para existir.

Pero el cuerpo y el corazón también se desgastan de sostener miedo, incertidumbre y preocupación constante.

La escritora Katherine May, en su libro Wintering, habla de esos períodos de la vida en los que sentimos que entramos en una especie de invierno interno. Y dice algo que me parece profundamente humano:

«Algunas temporadas no están hechas para florecer, sino para sobrevivir.»

Y quizá eso es justamente lo que estás haciendo ahora. Sobreviviendo emocionalmente a algo que cambió tu vida.

Por eso hoy quiero decirte algo importante:

No tienes que justificar tu cansancio.

No necesitas llegar al límite para darte permiso de descansar. No tienes que demostrar que estás “lo suficientemente mal” para reconocer que esto también te está agotando emocionalmente.

A veces el acto más amoroso no es exigirte seguir igual… sino aceptar que en este momento necesitas tratarte distinto.

Quizá más despacio.
Quizá con más pausas.
Quizá con más ternura.

Y aunque hoy sientas que tu energía no es la misma, eso no significa que estés perdiendo tu fortaleza.

A veces también hay fortaleza en reconocer honestamente que estás cansada.

Y darte permiso de descansar sin culpa también forma parte del proceso.

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *