Ya no me reconozco

Hay un momento, después de todo lo que empieza a pasar, en el que algo dentro de ti se vuelve difícil de nombrar.

No es solo el diagnóstico.  No es solo el proceso.

Es la sensación de mirarte… y no sentirte igual.

A veces aparece de forma muy sutil.  En pequeños detalles.

En cómo te hablas.  En cómo te sientes en tu propio cuerpo.  En cómo reaccionas a cosas que antes no te movían tanto.

Y poco a poco, empieza una pregunta silenciosa:

¿Quién soy ahora?

Recuerdo que en mi propio proceso hubo momentos en los que no me reconocía del todo. No solo por lo físico, sino por lo interno. Había días en los que me sentía más frágil, más sensible, más cansada emocionalmente… y eso no encajaba con la imagen que yo tenía de mí misma.

Y ahí es donde empieza algo profundo.

Porque no solo estás atravesando una enfermedad.  Estás atravesando un cambio de identidad.

Una mujer me decía hace poco:
“Yo siempre fui la fuerte de la familia… y ahora soy la que necesita ayuda. No sé cómo estar en ese lugar.”

Otra persona me compartía:
“Siento que perdí la versión de mí que conocía. Y todavía no sé quién está tomando su lugar.”

Y eso duele.

Porque no solo se trata de lo que está pasando afuera.  Se trata de lo que deja de encajar por dentro.

De las partes de ti que ya no se sostienen igual.  De las formas de ser que empiezan a cambiar sin que lo hayas decidido.

Y en medio de todo eso, puede aparecer resistencia.

Querer volver a ser como antes.  Querer recuperar esa versión conocida.  Querer sentir que nada cambió.

Pero hay procesos que no vienen a devolverte a quien eras.  Vienen a transformarte.

Y eso, aunque no siempre sea cómodo… también puede ser un camino hacia algo más auténtico.

No tienes que saber ahora quién estás siendo.  No tienes que tener una nueva versión definida.

A veces este momento es simplemente eso:  un espacio intermedio. Entre quien eras…
y quien todavía no sabes que estás empezando a ser.

Si quisieras acompañarte en este proceso, te propongo algo muy sencillo:

Cuando sientas esa desconexión contigo, en lugar de preguntarte “¿por qué ya no soy como antes?”, prueba preguntarte:

¿Qué parte de mí está cambiando… y qué necesita ahora?

No para forzarte a entenderlo. Sino para empezar a escucharte desde otro lugar.

Porque aunque hoy no te reconozcas del todo, hay algo en ti que sigue siendo profundamente tú.

Solo que está cambiando de forma. Y ese proceso, aunque a veces descoloque, también merece ser acompañado con paciencia.

Si estás en ese punto donde sientes que te estás perdiendo… quiero decirte algo importante:

No te estás perdiendo. Te estás transformando. Y no tienes que hacerlo sola.

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *