Lo que mi cuerpo intenta decirme cuando hago silencio

En estos primeros días del año, cuando todo parece invitarnos a empezar de nuevo, hay algo que a veces olvidamos: el cuerpo no sabe de calendarios. Él habla cuando necesita, no cuando el calendario lo marca. Y a veces, justo ahora, cuando queremos “arrancar con fuerza”, es cuando más necesitamos escucharlo.

Hay momentos en los que el cuerpo habla antes que las palabras. Un cansancio que no se explica, una presión en el pecho, un malestar que aparece justo cuando más quiero avanzar. Y cuando por fin hago silencio, cuando dejo de correr por dentro, descubro que mi cuerpo llevaba tiempo intentando contarme algo.

En mi propia vida aprendí —mucho antes de estar lista para aceptarlo— que el cuerpo siempre va un paso adelante. Me lo mostró hace casi seis años, cuando pasé por mi trasplante de riñón. Mi cuerpo sabía cosas que yo tardé meses en comprender: sabía del agotamiento profundo, del miedo, de la necesidad de detenerme. Y hoy, en este nuevo proceso de cáncer de mama, vuelve a recordarme lo mismo. Todavía tengo pendiente la radioterapia, y aun así, mi cuerpo insiste en enseñarme que cada etapa exige una escucha distinta.

A veces vivimos desconectados del cuerpo, como si solo fuera el vehículo que nos sostiene. Pero el cuerpo es memoria. Es mapa. Es testigo silencioso de todo lo que hemos atravesado. Cuando algo interno duele, él lo muestra. Cuando algo emocional pesa demasiado, él lo carga. Y cuando no lo escuchamos, empieza a hablar más fuerte.

En días recientes, una persona me dijo algo que no he podido olvidar: “Mi cuerpo estaba diciendo lo que yo no me animaba a aceptar.”
Y me reconocí en esas palabras. Creo que todos, tarde o temprano, hemos pasado por eso: por hacer silencio justo donde nuestro cuerpo gritaba por atención.

Y quizás ahora, al inicio de un año que promete nuevas oportunidades, tu cuerpo también esté pidiendo algo distinto: una pausa, una respiración más lenta, un límite que aún no te animas a poner. Un reconocimiento honesto.

Escuchar al cuerpo no es debilidad; es un acto profundo de valentía. Es aceptar que mereces calma, cuidado, compasión. Es permitirte reconocer que tu cuerpo no te está frenando: te está guiando hacia donde necesitas estar.

En mis acompañamientos y en mis cursos —especialmente El Viaje Transformador del Duelo y Reconstruyendo tu Vida— hablo mucho de esta escucha interna. Porque reconstruirse empieza por reconocer lo que en verdad sentimos, incluso cuando todavía no sabemos qué hacer con ello.

Quizá hoy tu cuerpo solo necesita un gesto pequeño: un descanso breve, una pausa honesta, un recordatorio suave de que también merece ser escuchado. A veces, ese gesto es el inicio de un regreso profundo hacia ti.

Si en este comienzo de año sentís que algo dentro se mueve, incluso algo difícil de nombrar, está bien. A veces, ese movimiento es el primer paso.


🕊️ Si este texto resonó contigo…

Y sentís que necesitás acompañamiento en tu propio proceso, estoy aquí para ti.
Podés escribirme directamente a mi WhatsApp y con gusto coordinamos una cita:

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *