Sigo siendo yo, además de ser cuidadora

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Hay momentos en los que alguien te pregunta cómo estás y, casi sin darte cuenta, respondes hablando de la persona que cuidas. Cuentas cómo pasó la noche, qué dijo el médico, cómo está respondiendo al tratamiento o cuál será la próxima cita. No es extraño que ocurra. Cuando una enfermedad ocupa tanto espacio en la vida cotidiana, también empieza a ocupar nuestras conversaciones, nuestros pensamientos y buena parte de nuestra energía.

Poco a poco puede suceder algo más profundo: dejamos de presentarnos ante el mundo desde quienes somos y empezamos a hacerlo desde lo que hacemos por otra persona. Somos la esposa de quien está enfermo, la hija que cuida a su madre, la hermana que se ocupa de todo o la persona que siempre está disponible cuando algo ocurre. El cuidado se convierte en una parte tan importante de nuestra vida que termina ocupando lugares que antes pertenecían a nuestros proyectos, amistades, intereses, deseos e incluso a nuestra propia identidad.

Quizá antes de convertirte en cuidadora había cosas que disfrutabas y que has ido dejando para después. Un curso que querías hacer, una amiga con la que te encantaba conversar, un proyecto profesional, caminar por las mañanas, viajar, leer, bailar, cocinar simplemente por placer o sentarte una tarde sin sentir que deberías estar haciendo algo más importante. Algunas cosas tuvieron que detenerse porque la realidad lo exigía. Pero otras quizá continúan detenidas porque te acostumbraste a pensar que mientras exista la enfermedad no tienes derecho a recuperar esa parte de tu vida.

Y ahí aparece una pregunta que me parece fundamental: ¿cuánto tiempo llevas esperando para volver a ti?

He visto cómo una enfermedad puede reorganizar por completo la vida de una familia. También sé, desde mi propia experiencia, que los roles pueden cambiar de un momento a otro. Podemos necesitar cuidados y, en otra etapa, ser nosotros quienes acompañamos. Podemos ser fuertes un día y necesitar apoyo al siguiente. Todo eso forma parte de la vida. Lo que no debería ocurrir es que uno de esos roles termine borrando todo lo demás que somos.

Ser cuidadora es una parte de ti, pero no es toda tu identidad. Sigues siendo una mujer con opiniones, deseos, capacidades, relaciones, sueños y necesidades propias. Sigues teniendo derecho a preguntarte qué quieres para tu vida, incluso cuando alguien que amas está atravesando una enfermedad. Y reconocerlo no significa restarle importancia a lo que esa persona vive. Significa recordar que en esta historia hay más de una vida que merece ser cuidada.

Tal vez mientras lees esto pienses que recuperar espacios propios suena muy bien, pero que tu realidad no te permite grandes cambios. Puede ser cierto. Hay etapas de una enfermedad que exigen una presencia enorme y situaciones familiares en las que las posibilidades son limitadas. Por eso no estoy hablando necesariamente de recuperar de inmediato la vida que tenías antes. Estoy hablando de empezar a preguntarte qué parte de ti podría volver a tener un lugar dentro de la vida que tienes hoy.

Quizá sea retomar una conversación semanal con una amiga. Volver a leer antes de dormir. Inscribirte en algo que siempre has querido aprender. Dedicar unas horas a un proyecto propio. Pedir a alguien que te releve para recuperar una actividad que extrañas. Incluso puede ser algo tan sencillo como volver a hablar de temas que no tengan absolutamente nada que ver con médicos, tratamientos o enfermedades.

Puede parecer poco, pero esos pequeños espacios cumplen una función importante: te recuerdan que todavía estás ahí.

Y si eres quien está viviendo la enfermedad, quizá también puedas observar a la persona que te acompaña. A veces el amor nos lleva a querer tenerla siempre cerca porque su presencia nos da seguridad, pero también podemos preguntarnos qué cosas ha dejado de hacer desde que comenzó este proceso. Animarla a recuperar alguna de ellas no significa que quieras alejarla; puede ser una manera de decirle: “Quiero que sigas estando conmigo, pero también quiero que sigas teniendo tu propia vida.”

Recuperar tu lugar tampoco significa regresar exactamente a quien eras antes. Después de meses o años cuidando, probablemente tú también hayas cambiado. Quizá ahora sabes cosas de ti que antes desconocías, tienes prioridades diferentes o has descubierto una fortaleza que nunca habías necesitado utilizar. No se trata de borrar lo vivido ni de regresar al punto de partida. Se trata de integrar esta experiencia sin permitir que se convierta en la única definición de quién eres.

Por eso, para cerrar este mes, quiero proponerte una pregunta diferente a las anteriores: si durante las próximas semanas pudieras recuperar una sola parte de ti que has dejado en pausa, ¿cuál elegirías? No pienses todavía en todo lo que tendrías que reorganizar. Primero identifica qué extrañas. Después podrás preguntarte cuál sería el paso más pequeño y realista para empezar a recuperarlo.

Quizá descubras que no necesitas elegir entre cuidar a alguien que amas y seguir construyendo tu propia vida. Tal vez lo que necesitas es aprender a hacer espacio para ambas cosas, sabiendo que habrá épocas en las que una necesitará más atención que la otra, pero sin permitir que tú desaparezcas definitivamente de la historia.

Porque antes de ser cuidadora ya eras tú. Mientras cuidas, sigues siendo tú. Y cuando esta etapa cambie, seguirá existiendo una mujer que tendrá que encontrarse con su propia vida, sus relaciones, sus proyectos y sus deseos.

No esperes hasta entonces para empezar a recordarla.

🌿 Si sabes que quieres recuperar tu lugar, pero no sabes por dónde empezar

Quizá has llegado a un punto en el que ya no quieres limitarte a reconocer todo lo que has dejado de lado. Quieres hacer cambios, recuperar espacios propios y construir una manera de acompañar que también te permita seguir siendo tú.

Si sientes que necesitas algo más que leer sobre esto —un espacio guiado, semana a semana, para trabajarlo de verdad—, en El Viaje Transformador encontrarás un recorrido para mirar lo vivido, reconocer lo que ha cambiado y empezar a construir conscientemente lo que quieres para la siguiente etapa de tu vida.

https://marlysaravia.com/el-viaje-transformad

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