Resiliencia: ¿nacemos con ella o se cultiva en el camino?

Hay una palabra que me acompaña desde hace años: resiliencia. La escuchamos en conferencias, libros de autoayuda, redes sociales… pero detrás de esa palabra hay algo muy profundo: la capacidad que tenemos para levantarnos después de caer, para reconstruirnos después de una pérdida, para adaptarnos cuando la vida nos cambia los planes.

Pero, ¿la resiliencia es algo con lo que nacemos? ¿O se puede aprender?


¿Qué es la resiliencia?

El término resiliencia viene de la física: describe la capacidad de ciertos materiales para volver a su forma original después de haber sido deformados.
Cuando lo llevamos al mundo emocional, hablamos de la capacidad de las personas para recuperarse después de la adversidad.

Uno de los autores más conocidos en este campo es Boris Cyrulnik, neurólogo, psiquiatra y uno de los mayores divulgadores del concepto de resiliencia. Para Cyrulnik, la resiliencia es “el arte de navegar en los torrentes”. Es decir, no es resistir sin sentir, sino aprender a adaptarse y seguir adelante a pesar del dolor.


¿Nacemos resilientes?

Hay estudios, como los de Emmy Werner, pionera en la investigación de la resiliencia infantil, que muestran que ciertos rasgos —como el temperamento positivo o una inteligencia emocional fuerte— pueden ayudar a algunas personas a ser más resilientes desde pequeñas.

Pero eso no significa que la resiliencia sea un privilegio de unos pocos.


¿Se cultiva en el camino?

Sí, y aquí está lo esperanzador. La resiliencia se construye. Según Cyrulnik, se alimenta de los vínculos significativos, del apoyo social y de los recursos internos que vamos fortaleciendo con cada experiencia difícil.

En mi caso personal, mi proceso de recuperación después de mi trasplante de riñón me mostró claramente esto: no fui resiliente por naturaleza. Fui aprendiendo a serlo con cada recaída, con cada día en el que mi cuerpo no respondía como yo quería. Y sobre todo, gracias a las personas que me sostuvieron cuando yo sentía que ya no podía más.


Algunas claves para cultivar la resiliencia

Quiero dejarte aquí algunas ideas que me han servido a mí y que he visto funcionar en otras personas que acompaño:


1️⃣ Acepta lo que no puedes controlar

Como dice Viktor Frankl, psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, “Cuando no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.”
Aceptar no es rendirse: es entender que hay cosas que no dependen de ti, pero sí cómo decides responder.


2️⃣ Rodéate de redes de apoyo

La resiliencia crece mejor en compañía. Familia, amistades, grupos de apoyo… No temas pedir ayuda ni abrirte a compartir lo que sientes.


3️⃣ Reencuadra la historia

Muchos autores coinciden en que la resiliencia implica cambiar el sentido de lo vivido. Pregúntate: ¿Qué oportunidad hay escondida en esto? A veces no es visible de inmediato, pero la pregunta abre puertas.


4️⃣ Cuida de ti

Dormir bien, comer mejor, moverte, descansar la mente. La resiliencia necesita un cuerpo y una mente que se sostengan. Es más difícil levantarse si no tienes energía física o emocional.


Hoy te invito

Te invito a preguntarte:
¿Qué pequeña acción puedes hacer hoy para fortalecer tu resiliencia?

Tal vez es escribir lo que sientes, llamar a alguien, permitirte descansar… Lo pequeño también construye fortaleza.


💛 Te leo

¿Te has descubierto resiliente en algún momento de tu vida? ¿Qué te ayudó a serlo?
Cuéntame en los comentarios. Te leo con el corazón abierto.


🌱 Cierre

Recuerda: la resiliencia no es un súper poder reservado para unos pocos. Es una semilla que podemos regar cada día, con cada caída y cada levantada.


💬 ¿Quieres que te acompañe?

Si sientes que quieres fortalecer tu resiliencia y quieres apoyo en tu proceso, escríbeme. Estoy aquí para escucharte.