Reflexionando sobre el año

Diciembre siempre llega con una mezcla de nostalgia y esperanza. Es ese momento del calendario en el que, sin proponérnoslo del todo, empezamos a hacer pausas más largas. Miramos hacia atrás buscando sentido, tratando de comprender qué nos transformó, qué dejamos atrás, y qué partes de nosotros crecieron en silencio.

Para mí, este año ha sido una sucesión de desafíos, aprendizajes y sorpresas que jamás habría imaginado. Ha sido un año en el que tuve que detenerme más veces de las que hubiera querido, pero también uno en el que aprendí a mirar mi camino con una ternura distinta.

Cada final de año trae sus propias preguntas. Algunas duelen, otras iluminan, pero todas tienen un propósito: ayudarnos a entender qué parte de nuestra historia necesita ser honrada, qué parte necesita descanso y qué parte está lista para dar un paso más.

En medio de la rutina y los cambios, a veces olvidamos reconocer cómo fuimos caminando día tras día. Por eso, diciembre es una oportunidad invaluable para detenernos y sentir. No se trata de hacer listas interminables ni de evaluar “qué tanto logramos”, sino de mirar con honestidad el recorrido interno: cómo nos levantamos, cómo nos cuidamos, cómo enfrentamos lo inesperado.

Hace poco, mientras revisaba mi agenda del año —llena de citas, notas, recordatorios y pequeñas frases que fui escribiendo para no olvidar lo esencial— me di cuenta de que cada página guardaba una versión distinta de mí. Algunas más cansadas, otras más fuertes, otras más esperanzadas. Reflexionar sobre el año es, en parte, reconocer esas versiones y agradecerles por habernos traído hasta aquí.

Si quisieras hacer un ejercicio sencillo en casa, te propongo algo:
Toma una hoja en blanco y escribe tres momentos del año que hayan marcado tu interior. No tienen que ser grandes eventos; pueden ser instantes pequeños que te hayan dejado una huella. Junto a cada uno, escribe qué te enseñó o qué parte de ti se fortaleció gracias a ese momento. No lo pienses demasiado. Deja que la memoria y el corazón trabajen juntos.

Hacer este tipo de reflexión nos ayuda a ver que, aunque el año haya tenido momentos difíciles, también estuvo lleno de detalles que nos sostuvieron y de pequeñas victorias que quizás pasaron desapercibidas.

Diciembre, con su luz suave y su ritmo pausado, nos invita a mirar atrás con claridad y a honrar lo que hemos vivido. Reflexionar sobre el año no es revivirlo, es comprenderlo. Es darle un lugar dentro de nuestra historia y dejar que nos muestre quiénes somos ahora.

Si este fin de año sientes la necesidad de reflexionar con alguien o de mirar tu historia desde un lugar más amable, puedes escribirme. Estaré aquí para acompañarte en este cierre de ciclo.