El final de diciembre trae un silencio distinto. Después de las luces, los encuentros, los balances y la nostalgia, llega un momento en el que el alma pide calma. Un tiempo para ver qué lugar queremos ocupar en la vida que viene.
Abrir espacio para el futuro no significa obsesionarse con metas o llenarse de propósitos rígidos. Es más bien un acto interior, suave, como quitar lo que estorba para que entre la luz. Un gesto de disponibilidad hacia lo que está por nacer, incluso si todavía no sabemos exactamente qué forma tendrá.
He ido aprendiendo, a mi propio ritmo, que abrirse al futuro requiere valentía, calma y la disposición de soltar lo que ya cumplió su función. A veces basta con preguntarnos:
¿Qué quiero que tenga lugar en mi vida este próximo año? ¿Qué ya no necesito seguir cargando?
Y esas preguntas, aunque simples, abren puertas internas que estaban cerradas.
Durante estos días, mientras ordenaba mi casa después de las celebraciones, me descubrí haciendo algo que para mí ya es tradición: dejar ir objetos, papeles, prendas e ideas que ya no tienen espacio en mi vida. Lo curioso es que, mientras lo hacía por fuera, algo dentro de mí también se iba despejando. Cada cosa que soltaba parecía abrir una rendija invisible para el futuro.
A veces creemos que abrir espacio para lo nuevo tiene que ver con “lograr más”, pero en realidad tiene que ver con hacer menos peso. Con permitir que el alma respire. Con reconocer que también merecemos recibir.
Si te gustaría hacer un ejercicio sencillo para este fin de año, te propongo esto:
Busca un lugar tranquilo, siéntate con una manta o una bebida caliente y escribe tres cosas que quieres dejar atrás y tres cosas que deseas invitar para el próximo año. No pienses en grande; piensa en honesto. En lo que realmente te gustaría cultivar: calma, conexión, salud, acompañamiento, presencia, alegría, o lo que surja.
Cuando termines, guarda ese papel en un lugar especial. No es un contrato, es una intención amorosa.
Hoy, mientras miro por la ventana y veo cómo la nieve cubre el paisaje, siento que la vida nos ofrece una pausa silenciosa. Una invitación a preparar nuestro propio terreno interior, a dejar descansar lo que fue y abrir espacio a lo que está por venir, despacio, como la luz que entra por la ventana en una mañana fría.
Abrir espacio para el futuro es confiar en que la vida sigue su curso. Que lo que viene puede sorprendernos. Que incluso después de un año intenso, aún podemos recibir el mañana con suavidad.
Si estás en un momento en el que necesitas acompañamiento para abrir un nuevo ciclo o mirar el futuro desde un lugar más sereno, puedes escribirme. Estaré aquí, con gusto y con presencia, para acompañarte.

