Hay algo que he descubierto con el paso del tiempo: somos expertos en acompañar a los demás, pero muchas veces nos dejamos solos a nosotros mismos.
Sabemos escuchar.
Sabemos abrazar.
Sabemos decir palabras justas cuando alguien está atravesando dolor.
Pero cuando el dolor es nuestro… solemos endurecernos.
Nos hablamos con exigencia.
Nos pedimos fuerza inmediata.
Nos exigimos claridad cuando apenas estamos tratando de sostenernos.
Y entonces me pregunto:
¿Por qué nos cuesta tanto darnos la misma ternura que regalamos con tanta naturalidad a otros?
En el acompañamiento del duelo veo con frecuencia cómo las personas se tratan con una dureza que jamás usarían con alguien que aman. Si una amiga estuviera atravesando lo mismo, le hablarían con paciencia. Si un familiar estuviera confundido, le darían tiempo. Pero cuando se trata de ellos, aparece el juicio.
Yo misma he tenido que aprender esto. A darme permiso de no estar siempre fuerte. A no tener todas las respuestas. A aceptar que hay días donde simplemente necesito sostenerme con suavidad.
Acompañarme con ternura no significa victimizarme. Significa reconocer que soy humana. Que también merezco comprensión. Que mis procesos no necesitan acelerarse para ser válidos.
Hay una diferencia enorme entre disciplina y dureza. La disciplina cuida. La dureza castiga. Y muchas veces confundimos una con la otra.
Si quieres practicar esta ternura contigo, te propongo algo sencillo:
La próxima vez que estés atravesando un momento difícil, pregúntate:
¿Qué le diría a alguien que amo si estuviera sintiendo esto?
Luego, dite exactamente esas palabras a ti. Sin modificar nada.
Puede parecer simple, pero cambia profundamente la experiencia interna.
Darte la ternura que siempre diste a otros es un acto de justicia emocional. Es reconocer que tú también mereces ese cuidado. Que tu dolor no necesita ser minimizado. Que tu proceso no necesita ser apresurado.
Tal vez marzo sea ese mes para empezar a practicarlo.
Para hablarte distinto.
Para mirarte con más suavidad.
Para acompañarte como lo harías con alguien que realmente amas.
Si al leer esto sientes que te has exigido demasiado y necesitas aprender a tratarte con más compasión, aquí estoy. Podemos trabajar juntas ese cambio de mirada.


Deja una respuesta