Honrar lo vivido y dar la bienvenida a lo que llega

Diciembre tiene una manera muy particular de abrazarnos. No es solo el final del calendario, sino un momento donde la vida parece bajar el ritmo y mostrarnos, con suavidad, todo lo que atravesamos. Es como si el año nos invitara a hacer una pausa más consciente, a mirar con honestidad lo que dejamos atrás y a prepararnos para lo que está por llegar.

Mientras escribo este cierre del año, veo por la ventana la nieve acumulada sobre los árboles. Todo luce quieto, casi detenido. Y pienso que quizá el alma también necesita eso: un momento de silencio para ordenar lo vivido, agradecer lo que nos sostuvo y abrir un espacio para lo que vendrá.

Este año, como tantos otros en mi vida, me trajo desafíos, certezas que se movieron, despedidas internas, transformaciones inesperadas y también momentos de luz. Me recordó que la vida es un tejido de ciclos que se abren y se cierran, de capítulos que terminan y otros que comienzan sin que lo notemos al principio.

Honrar el año que termina no es evaluar logros. Es mirar con honestidad quiénes fuimos. Qué sostuvimos. Qué dejamos caer. Qué partes de nosotros crecieron en silencio.

Hay años que exigen fuerza. Otros, paciencia. Otros, una enorme capacidad de soltar. Y algunos, como este, nos recuerdan que seguir en pie también es una forma de valentía.

Honrar lo vivido es decir:
“Esto también formó parte de mi camino.”
Incluso lo que dolió.
Incluso lo que no entendimos.
Incluso aquello que nos obligó a reinventarnos.

Dar la bienvenida al año nuevo, en cambio, es un acto más suave. No se trata de hacer listas interminables o de querer controlarlo todo, sino de abrir un pequeño espacio en el corazón y decir:
“Estoy lista. Estoy listo para recibir lo que la vida quiera mostrarme.”

A veces basta con una sola intención: caminar el próximo año con más presencia, con más ternura, con más conciencia de lo que en verdad importa.

Si quieres hacer un ejercicio para cerrar este año, te propongo algo sencillo pero profundo:
Toma un papel y dibuja dos columnas:
Una que diga “Honro…”
Otra que diga “Recibo…”

En “Honro” escribe aquello que reconoces como parte de tu historia de este año: emociones, decisiones, aprendizajes, pérdidas, vínculos, momentos que te transformaron.
En “Recibo” coloca lo que deseas abrir en tu vida: calma, salud, claridad, acompañamiento, conexión, alegría, o cualquier palabra que hoy resuene contigo.

No busques que sea perfecto. Solo auténtico.

Yo también estoy haciendo mi propia lista este año. Honrando lo que me sostuvo y abriendo espacio para lo que viene, con la certeza de que siempre podemos comenzar de nuevo con un poco más de luz y un poco menos de peso.

Si sientes que este cierre de año te mueve algo por dentro y quieres hablarlo, procesarlo o simplemente tener compañía en este tramo final, puedes escribirme. Siempre será un honor caminar contigo estos procesos.