Mi vida no ha sido una línea recta ni un camino predecible. Ha sido un viaje intenso, lleno de cambios, pérdidas y, sobre todo, de transformación.
Antes, era Licda. Saravia —directora y gerente de recursos humanos en empresas transnacionales en Guatemala—. Tenía una carrera que amaba, un lugar definido, una identidad clara.
Pero la vida me llevó a hacer una pausa que no esperaba.
Por el trabajo de mi esposo, tuvimos que cambiar de país. Dejarlo todo atrás: mi trabajo, mis amigos, mi familia. Elegí conservar lo más importante: mi familia. Eso significó un cambio profundo.
Lejos de casa, atravesé la pérdida de mis padres, uno tras otro. El duelo me envolvió en un silencio que dolía y que me hacía cuestionar quién era ahora.
Pasé de ser la Licda. Saravia a ser “la mamá de Diego y Javier” o “la esposa de Alejandro”. Mi identidad profesional y personal parecían diluirse. Dejé de ser yo para ser otros.
Y luego llegó mi trasplante de riñón.
Estar tan cerca de la vida y de la muerte me hizo replantearme todo. ¿Quién era realmente? ¿Qué quería hacer con esta segunda oportunidad que me daba el cuerpo?
Fue ahí cuando decidí cambiar de rumbo. Dejé la administración y recursos humanos para dedicarme a algo que me tocaba el alma: ser acompañante de duelo y final de vida, compartir lo que he aprendido a través de cursos y acompañamientos.
Reconstruirme no fue fácil ni rápido
Aprendí que reconstruirse no significa olvidar el pasado ni borrar el dolor. Significa aceptar lo que somos ahora, con nuestras heridas, nuestras pérdidas y también con la fuerza que eso nos da.
Tuve que soltar muchas ideas que tenía de mí misma y permitirme descubrir una nueva versión, una que no se mide solo en títulos o cargos, sino en el impacto que puedo tener en la vida de otros.
¿Qué he aprendido en este proceso?
- Que dejar ir no es perder, sino hacer espacio para lo nuevo.
- Que la identidad es fluida, y podemos reinventarnos todas las veces que haga falta.
- Que la vulnerabilidad es fuerza cuando decidimos caminarla con conciencia.
- Que acompañar a otros en su duelo es también un acto de amor hacia mí misma.
- Que el propósito puede cambiar y aún así sentirse auténtico y profundo.
Hoy te invito
Si estás atravesando una pérdida, un cambio profundo o una crisis, quiero que sepas que no estás solo/a. La reconstrucción es un arte, un proceso que lleva tiempo, paciencia y cuidado.
No tienes que ser la misma persona que eras antes. Puedes ser alguien nuevo, con cicatrices, con aprendizajes, con una historia que merece ser contada y honrada.
💛 Te leo
¿Has sentido que perdiste parte de ti y tuviste que reconstruirte? ¿Cómo fue ese proceso para ti?
Me encantaría leerte y acompañarte en tus reflexiones.
🌱 Cierre
Reinventarse es un acto de valentía. Y cada paso que damos hacia la reconstrucción es una victoria silenciosa, una afirmación de que la vida sigue, y que nosotros también.
💬 ¿Quieres que te acompañe?
Si sientes que necesitas apoyo para transitar tus pérdidas y construir una nueva versión de ti, aquí estoy. Te acompaño con respeto, experiencia y mucho corazón.

