Cuando miro atrás y hago una pausa para pensar en todo lo que he perdido —mis padres, amigos, mi carrera profesional, mi salud—, me doy cuenta de algo: ninguna de esas pérdidas me dejó igual. Cada una, a su manera, me enseñó algo que hoy es parte de quien soy.
A veces duele reconocerlo, porque uno quisiera que las lecciones llegaran sin tanto sufrimiento. Pero la realidad es que mucho de nuestro crecimiento nace justo ahí, en los espacios que deja lo que se va.
Las pérdidas como maestras silenciosas
En este camino de acompañar procesos de duelo, he visto cómo el dolor puede convertirse en un terreno fértil para transformarse.
Quiero compartirte una historia —cambié algunos detalles para cuidar la privacidad— que refleja muy bien esto.
El caso de Ana: volver a empezar después de perderlo “todo”
Hace unos meses acompañé a Ana, una mujer de 52 años, que llegó a mí después de haber perdido a su esposo de forma repentina. Habían estado casados más de 25 años. Además, justo un año antes, su única hija se había mudado a otro país para trabajar y estudiar.
Ana sentía que de un día para otro su casa, que antes estaba llena de conversaciones y planes, se había quedado en silencio. Se preguntaba una y otra vez: ¿Y ahora qué? ¿Para qué sigo aquí?
Al principio, su duelo estaba cargado de enojo, culpa, preguntas sin respuesta. Lloraba por todo lo que ya no iba a compartir con él: viajes pendientes, conversaciones en la noche, la jubilación que soñaban juntos.
¿Dónde está el crecimiento en medio de tanto vacío?
A medida que trabajábamos juntas, Ana empezó a descubrir partes de sí misma que habían quedado dormidas. Volvió a pintar (algo que había dejado cuando se casó), retomó el jardín de su casa y empezó a ofrecer talleres de plantas y cuidado de flores para otras mujeres que, como ella, estaban solas.
Un día me dijo algo que aún guardo:
«No elegí perder a mi esposo, pero sí puedo elegir qué hago ahora con lo que me dejó esta ausencia.»
No fue fácil ni rápido. Hubo retrocesos y días grises. Pero su historia me recuerda que incluso las pérdidas más profundas pueden abrir caminos nuevos.
Claves del crecimiento postduelo
Basada en mi propia experiencia y en casos como el de Ana, quiero compartirte algunas ideas que pueden ayudarte a reconocer tu propio crecimiento en medio de una pérdida:
1️⃣ No niegues el dolor
Crecer no significa ignorar lo que duele. Todo lo contrario: es pasar por ese túnel con honestidad, sentirlo, llorarlo. Sin esa parte, no hay transformación verdadera.
2️⃣ Pregúntate: ¿para qué?
En lugar de preguntarte “¿Por qué me pasa esto?”, cambia la pregunta a: “¿Para qué me pasa?”
A veces la respuesta tarda en llegar, pero abrir ese espacio cambia la perspectiva.
3️⃣ Reconoce lo que sigue vivo en ti
Muchas veces, el duelo nos conecta con partes olvidadas de nosotros mismos. Tal vez un talento, un sueño, una pasión. O una forma distinta de amar y acompañar a otros.
4️⃣ Da pasos pequeños
El crecimiento después de una pérdida no es lineal ni veloz. A veces es tan sutil que no lo notas hasta tiempo después. Permítete moverte paso a paso, sin presionarte.
Hoy te invito
Te invito a preguntarte:
¿Qué parte de mí ha crecido después de esta pérdida? ¿Qué quiero agradecerle, aunque duela?
Tal vez hoy no encuentres todas las respuestas. Está bien. A veces solo basta con abrir el corazón a la posibilidad de que el dolor también deja regalos.
💛 Te leo
Si quieres, cuéntame en los comentarios: ¿qué has aprendido tú de tus pérdidas? Te leo, siempre.
🌱 Cierre
Que cada ausencia sea semilla de algo nuevo. Y que ese crecimiento te sostenga cuando sientas que todo se derrumba.
💬 ¿Quieres que te acompañe?
Si necesitas apoyo para descubrir qué quiere nacer después de tu duelo, escríbeme. Estoy aquí para escucharte.

