> ¿Necesito seguir un orden específico?
No. Podés hacer las etapas en orden o ir directamente a la que te identifica. El curso está diseñado para que lo adaptes a vos.
> ¿Cuánto dura el curso?
Cada etapa está pensada para una semana, y hay 10 etapas en total. Por eso, podés completarlo en unas 10 semanas.
Tendrás acceso al contenido durante 4 meses desde tu ingreso.
> ¿Tengo que compartir mis respuestas o procesos?
No. Todo lo que escribas o trabajes es para vos. Este es un proceso personal, privado y seguro.
> ¿Qué tipo de ejercicios hay?
Visualizaciones, escritura reflexiva, ejercicios prácticos, preguntas orientadoras y dinámicas que invitan a mirar hacia adentro con honestidad y compasión.
> ¿Incluye acompañamiento personalizado?
Sí, de forma opcional. Tendrás la posibilidad de agendar hasta 3 sesiones individuales conmigo: una al inicio, otra a mitad del proceso y una al finalizar, si así lo deseás.
> ¿Qué quieres trabajar?
Pérdida de un ser querido: Es quizá la pérdida más reconocida. Cuando alguien a quien amamos muere, no solo enfrentamos su ausencia física, sino también un cambio profundo en nuestra vida emocional y cotidiana. El duelo por una persona amada es un proceso único, lleno de recuerdos, preguntas y sentimientos intensos. Aunque esa persona ya no esté físicamente, el vínculo afectivo permanece y puede transformarse en una fuente de amor y sentido.
Pérdida de una relación significativa (pareja, amistad, familia) Las relaciones cambian, se transforman o terminan, y con ello también aparece el duelo. Ya sea por una separación, una traición o una distancia emocional, se sufre por lo que se compartió y por lo que ya no será. Este tipo de pérdida también es legítima, y al reconocerla, abrimos espacio para sanar y para vincularnos de nuevas formas más conscientes y auténticas.
Pérdida de un animal de compañia: Quienes han amado a una mascota saben que su muerte puede ser tan dolorosa como la de un ser humano. Son parte de la familia, de la rutina diaria, y nos acompañan con una lealtad incondicional. Su partida deja un vacío muy real. Validar este duelo, sin minimizarlo ni justificarlo, es fundamental para sanar y para honrar ese vínculo tan especial que se tuvo con ese compañero de vida.
Pérdida de salud (propia o de un ser querido): Cuando la salud se deteriora o llega un diagnóstico inesperado, se pierde más que lo físico: se pierde una forma de vivir, de moverse por el mundo, de imaginar el futuro. Ya sea que lo vivas en carne propia o lo acompañes desde cerca, este tipo de pérdida requiere tiempo, paciencia y mucho autocuidado para adaptarse a una nueva realidad, sin perder la dignidad ni el valor propio.